dimarts, 13 de gener de 2009

Lo comúnmente absurdo (o lo absurdamente común)




No hace mucho leí en el periódico un artículo que me llamó la atención. Si mal no recuerdo (la memoria selectiva es peligrosa a veces), su autor reflexionaba sobre el Absurdo y lo relacionaba con el mito de Sísifo y con "El Mito de Sísifo" de Albert Camus.

El tradicional mito de Sísifo contaba la historia de Sísifo, quien fue castigado por los dioses a empujar una roca hasta la cima de una montaña, sabiendo que, al casi lograrlo, la roca volvería a caer y tendría que empezar el mismo recorrido. Y así durante toda la eternidad.

Camus contaba en su Mito la misma historia, pero habiendo comprendido –a su modo- los motivos de Sísifo a seguir empujando la roca hacia la cima, elaboró sus propias conclusiones. Descartando por absurda la idea del suicidio, Camus decía que uno debía imaginar a un Sísifo feliz por haber elegido su destino, a pesar del sinsentido que suponía llevar a término siempre la misma acción inútil. Para los dioses, condenar a un humano a realizar un esfuerzo eternamente igual, sin ningún tipo de esperanza o utilidad, era el peor de los castigos. Sísifo, en cambio, experimentó la libertad en un breve instante, en el que se hizo consciente de su tragedia al comprender que su drama personal y el destino que a él lo ataba eran de naturaleza divina; y que el seguir subiendo la roca era una elección personal que a su vez lo separaba del resto de los mortales. Subiendo la roca a la cima, se daba cuenta de que en realidad no cedía a la voluntad de los dioses, de que podía escoger. Camus adornó el texto con un aforismo de lo más épico: “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre”.

El autor del artículo se planteaba entonces –con lógica- porque si Sísifo se liberaba de los dioses, continuaba subiendo absurdamente la roca por la montaña, especialmente si sabía que la roca volvería a caer justo antes de llegar a la cumbre. En principio, ¿no era ése el castigo? ¿No ver colmada jamás la voluntad de Sísifo? ¿Condenarlo a repetir la misma acción siempre?

Yo creo que la respuesta es bastante obvia y totalmente extrapolable a cualquier acción humana. No hay lógica en ciertas acciones. No todo es el sentido común. El hecho que Sísifo estuviera siempre a punto de alcanzar a la cima hacía que no perdiera la esperanza de llegar. Otra cosa es si la piedra se hubiese caído a mitad de camino. Pero no. La puñetera roca se caía a escasos metros del final. Como Sísifo sabía que “casi lo había logrado”, pensaba que en consecuencia “podía lograrlo”. Así de simple. Así de obvio. Y eso es universal, nos ocurre a todos –y, si persistimos, o nos hacemos pesados, o nos obesionamos-. Hay muchos modos de encajar el fracaso, y están intrínsecamente relacionados con el camino transcurrido. A más éxito, menos resignación. Así que Sísifo, como reflejo nuestro, no era tan idiota como pintaba el autor ni tan heroicamente absurdo como lo pintaba Camus.

¿O sí?

La foto, cómo no, es Camus por Henri-Cartier Bresson.

4 comentaris:

Marieta ha dit...

Pensaré en el que has escrit cada cop que senti al laboratori que estic en el dia de la marmota repetint 10 cops un experiment que només surt un! Però que contenta que estic quan surt :D

Marieta ha dit...

Saps que???? No se per què, m'ha mare et té com una bona influencia. Últimament llegeixo molt i ella ho ha atribuit a tu... Ha estat la primera cosa que he pensat al veure que parlaves de Kundera i Camus.

Andreä ha dit...

Molt interessant Dua :) i vec que as aplicat molt bé el banner, ju perdona per la tardança en reaccionar, pero bé, ja parlarem, no?
Tinc ganes de veure't, moltes!
(L)

googler ha dit...

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