dimecres, 21 de gener de 2009

Lugares Comunes



Hoy andaba por la calle un poco distraída y he chocado accidentalmente con un señor que me ha espetado “los jóvenes de hoy estáis en la inopia” con bastante mala leche. En su momento me ha hecho gracia, porque he leído la expresión un montón de veces, pero nunca la había oído en boca de alguien. Recuerdo que la primera vez que la leí busqué el significado de la palabra “inopia”, y me llamó especialmente la atención porque por contexto –inopia significa escasez, pobreza- no tenía sentido que se interpretara como estar en la luna o en la parra.

Después de eso he vuelto a activar mi sistema nervioso y me he acordado de esto. En la era clásica, las familias más pobres y los indigentes vivían en las afueras de las ciudades, y raramente establecían contacto con la población. Por lo general, no se daban cuenta de los avances y de ahí salió la expresión, que hacía doblete: estar en la inopia significaba ser pobre y a la vez no enterarse de nada.

Con el tiempo, se acabó utilizando la frase mezclando los conceptos: Estar en la inopia era ser pobre de mente, una especie de ignorante cazurro. Hasta hoy, que significa simplemente no conocer algo que los demás sí conocen, no enterarse de algo. Las capacidades mentales parece que ya no están implicadas en el saco semántico.

Esta reflexión me ha llevado aproximadamente los cinco segundos que he tardado en girarme a mirar el hombre, que había acelerado el paso. Pensaba que hay maneras de estar en la inopia. Todas ellas pueden ser ciertas. Desde los orígenes pasando por las cabezas huecas y las pensantes (que no se enteran). Por personas que no se dan cuenta de lo que ocurre a pesar de las señales de humo, personas que se dan cuenta de cosas que no son, personas que no quieren darse cuenta de las cosas o que simplemente las ignoran. Las que no las entienden y las que escapan de ellas. Y más, muchas más.

De hecho, he acabado por pensar que, en realidad, todos estamos en la inopia, y que el que merece el premio es el que está in situ. Y al ver al señor alejarse a toda prisa, me han venido ganas de gritarle eso, que no era sólo yo ni los jóvenes en general, que probablemente él, su madre, su tía abuela y su gato siamés también lo estaban. Pero al perderse su figura en la multitud he pillado la metáfora y me he acabado alegrando por él.