dijous, 29 de gener de 2009

Fugazi



Ayer fuimos a Sidecar a ver a Joe Lally. Joe Lally es una institución de los noventa, el bajista de Fugazi (un grupo también mítico de los noventa, ahora en "hiato permanente"), un cuarentón reconciliado con algo o con alguien. Eso le decía a Nechaev mientras esperábamos con los demás el inicio del concierto, después de la terrible actuación de los teloneros (y especialmente el show de vergüenza ajena que montaron sus psychogroupies, unos argentinoitalianos que hacían pogos bailando un mejunje extraño entre reggae y dubstep maquinero). Antonio ya dijo bien: “Hagamos recolecta, les pagamos un viaje de ida a Jamaica y que allí se queden. Los mantenemos de por vida y a cambio nos dan sus pasaportes”.

Lally tenía esa aura de persona que ha vivido mucho y que está en otra esfera en general. El concierto estuvo bien, se me hizo un poco largo al final, pero me pareció que el hombre supo imponer su repertorio de modo admirable, sabiendo por antemano que todos los allí presentes buscaban recoger los últimos vestigios de Fugazi. Ya fuera un guiño, una canción, una melodía calcada, no sé, algo. Me pareció ecléctico y esto me llamó la atención, supongo que en la estela de Fugazi, que nunca sacó un disco igual al anterior. A ratos me recordaba a la propia banda (lógicamente, Lally tuvo/¿tiene? un papel importante en ella) o a The Events y Lungfish.

Pero lo que más (e incomprensiblemente) me venía a la cabeza eran The Microphones. Sí, me recordaba a The Microphones con el alma de John Coltrane dando tumbos por ahí. Una especie de Mount Eerie progresivo. La mezcla era rara, pero sonaba bien. No creo que lo escuche nunca más, pero estaba bien. Y la acústica de la sala esa vez se comportó, aunque la gente estuvo dando la vara con sus blablablas como siempre. Luego pensé en lo que le dije a Nechaev al principio del concierto: parece que el tipo se haya reconciliado con algo o con alguien. Como el típico cantante de heavy que luego se vuelve folkie. Pues algo así, pero sin que su música lo delatara. Lo llevaba escrito en la cara, lo prometo. Como si la música fuera una válvula de escape a algo muy intenso e inefable.

Y es raro, porque estos prejuicios tampoco son nada concluyentes. Pero todos a la larga nos redimimos de algún modo de lo que hacemos/hemos hecho, así que qué más da, creo que a sus cuarenta estaré en lo cierto. Y atribuir este factor a su música le añadió ese matiz de profundidad que hizo que olvidara mis epic problems. I mis Arguments interiores.